El
dilema que quiero plantear tiene que ver con una problemática cada vez más
extendida en nuestra sociedad y a la cual es urgente ponerle atención. Se trata
de las violencias basadas en el género, una forma de violencia que afecta
particularmente a las mujeres y los grupos minoritarios, y que según la OMS
(Organización Mundial de la Salud), es un factor de deterioro de su salud, al
afectar no solo su condición física, sino además, su psiquis y su sexualidad.
Las afectaciones pueden ser irreparables en esferas de su vida tan importantes
como la biológica, psicológica y sobre todo en la social.
Así entonces, habría que señalar que aunque son evidentes algunos
esfuerzos por parte de entidades públicas y privadas por erradicar el problema
y pese a que el desarrollo de campañas de prevención es uno de los
denominadores comunes en cualquier marco normativo o legislativo, cuesta
apreciar un verdadero interés por la forma en que se desarrollan las mismas,
dada la falta de estudios e investigaciones que he podido encontrar al
respecto. El dilema ético a plantear, es que aunque hay iniciativas de
prevención (Campañas) que pretenden intervenir la problemática, pareciera que
todas estas no fueran suficientes para incidir en la prevalencia del fenómeno,
porque las solas campañas no son suficientes para generar un cambio de
paradigma en la población, lo que implica la necesidad de otro tipo de
iniciativas como por ejemplo, la aparición de leyes como La ley 1257 de 2008
por la cual se dictan[1] “normas de sensibilización, prevención, sanción de
formas de violencia y discriminación contra la mujeres. Dirigida a beneficiar a
las personas, las familias y la sociedad colombiana a través del favorecimiento
de relaciones pacíficas, solidarias, respetuosas e igualitarias entre las
personas”.
El dilema es además, que como miembros de una sociedad altamente
violenta, debemos no solo cuestionar las conductas que la promueven, sino,
incidir desde nuestra esfera personal en la desnaturalización de las violencias
contra las mujeres en los ámbitos familiares, escolares, laborales, los medios
de comunicación, enmarcando toda forma de violencia contra ellas como una
violación a sus derechos humanos. Sin embargo, queda también como dilema ético
el papel tan importante que debe cumplir el Estado Nacional, al gestionar de
manera adecuada la prevención, protección, atención, sanción y
restitución de derechos de estas personas. ¿Las campañas publicitarias y
comunicativas vienen cumpliendo de manera expedita con la acción preventiva que
las generó? ¿Son efectivas estas campañas en la prevención de las violencias basadas
en el género? ¿Las Leyes solas pueden garantizar la prevención de este tipo de
conductas? ¿Son suficientes las Leyes que existen en el País frente a las
violencias de género? Estas pueden ser solo algunas de las interrogantes
formuladas que como comunidad tendremos que resolver.
[1] LEY 1257 DE 2008. ARTÍCULO 1o. OBJETO DE LA LEY. La presente ley
tiene por objeto la adopción de normas que permitan garantizar para todas las
mujeres una vida libre de violencia, tanto en el ámbito público como en el
privado (…)